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lunes, 2 de abril de 2012

El grito del silencio. David Casado Aguilera. Reseña




     Muchas novelas no gustan. Algunas están bien. Otras son muy buenas. Y casi ninguna emociona y cautiva. Pues bien, para mi fortuna, os presento una que corresponde al selecto último caso de los mencionados. Pese a no ser un autor conocido por las masas de lectores de este país, David Casado Aguilera ha entrado, por méritos propios, en la lista de mis autores favoritos (y ya espero poder leer próximamente su otra novela, "El vals de la soledad").

     "El grito del silencio" describe con gran precisión y detalle los sucesos acaecidos en el México pre-Olímpico del verano de 1968. Se trata de una dramática historia real pero poco conocida que fue silenciada y casi-negada por el gobierno mexicano, que ni condenó ni pidió disculpas por tan despreciables acontecimientos. Precisamente, la novela está dedicada "a la memoria de todos los que cayeron durante los acontecimientos del 68 mexicano", sobre todo en la matanza del dos de octubre en Tlatelolco.

     Sobre el libro de David conviene resaltar varios aspectos que me han llamado mucho la atención. En primer lugar, el léxico y la "jerga" utilizada por su autor en la narración de la historia y, sobre todo, en los diálogos entre los protagonistas. Sin duda, la ayuda de su mujer, mexicana, tiene mucho que ver en este sentido. Este aspecto nos mete de lleno en la acción, haciéndonosla más cercana y verdadera si cabe.

     En segundo lugar, aunque la novela se basa en hechos reales, los protagonistas principales son inventados. Y ahí radica, en mi opinión, el gran mérito del autor. Más allá de documentar e investigar los sucesos reales, donde David demuestra ser un gran escritor es en la facilidad con la que describe a cada uno de los cuatro protagonistas principales de la historia: Sergio, un tímido hijo de emigrantes españoles huidos tras la Guerra Civil; Francisco (apodado "Indio"), único hijo de una familia numerosa indígena que consigue estudiar en la Universidad de la capital; José, un hijo de padre trabajador cuya madre murió en su propio parto; y Elías, un amante del teatro que no puede luchar por sus sueños artísticos debido a un padre rígido y represivo que le impide tener carácter propio.

     Cada personaje tiene vida propia dentro de la obra y llega a ser comprendido y estimado por el lector, creando una empatía pocas veces vista en una novela. Cuatro chicos que poco tienen que ver unos con los otros más allá de pertenecer a la juventud estudiantil universitaria de la capital mexicana, sin embargo, crearán unos lazos que nada ni nadie podrá borrar.

     Estamos ante una historia de amistad auténtica. Y también de amor. De amor igualmente auténtico. Porque Sergio y Adriana, su chica, nacerán juntos al amor y al sexo en las páginas de esta novela. En compañía de sus amigos y de Adriana, Sergio pasa de ser un niño que vive encerrado en su cuarto y que no se relaciona con nadie a alcanzar el amor y a convertirse en uno de los héroes anónimos (y silenciados) gestados por un gobierno represivo, manipulador y sin escrúpulos capaz de cualquier cosa por acabar con las reivindicaciones estudiantiles antes de que el inicio de los JJ. OO. ofrezca al mundo la realidad de una disfrazada democracia que a nadie engaña de fronteras hacia adentro.

     Sin embargo, aunque parezca mentira, la novela de David tiene muchos más aspectos destacables. Como licenciado en Historia que es, a través de su libro nos cuenta la historia de México: desde el asentamiento de Teotihuacán, una de las primeras y mayores ciudades de Mesoamérica, anterior incluso a la civilización azteca, hasta la dictadura militar de la actualidad de 1968, pasando por la conquista hispana, la posterior independencia y la revolución de Zapata. Incluso hay sitio para establecer multitud de paralelismos entre la España de la posguerra y época franquista y la referida dictadura militar mexicana.

     La obra de David bebe de muy buenas fuentes: Elena Poniatowska ("La noche de Tlatelolco"), Luis González de Alba, estudiante que contó la revuelta con gran minuciosidad ya que la vivió desde dentro ("Los días y los años"), y Octavio Paz ("El laberinto de la soledad"). Sin embargo, más allá de ello, su novela me ha enganchado desde el principio, me ha enseñado mucho sobre historia y, ante todo, me ha mostrado que todavía quedan demasiadas muertes por investigar y demasiados tiranos por juzgar. Sin duda, para mí, "El grito del silencio" es una de las revelaciones del año; y David, un autor muy a seguir a partir de ahora.
      

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