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lunes, 9 de septiembre de 2013

Ladrones de historia. Pablo Núñez. Alrevés Editorial. 2010. Reseña





     A río revuelto, ganancia de pescadores. A través de un refrán español tan conocido como el referido se podría resumir el punto de partida de esta entretenida novela del gallego Pablo Núñez. En efecto, la Guerra Civil Española fue el escenario de una lucha fraticida por la libertad del pueblo español, pero también el objetivo de un codicioso coleccionista y ladrón de arte que en la ficción de esta novela responde al nombre de Rudolph van der Globber, un conde afincado en Suiza capaz de cualquier cosa por reunir las más grandes obras de arte del territorio español.
 
     Leonardo Mendoza, un argentino muy poco escrupuloso, es su fiel servidor. Complacer a su jefe le lleva a asesinar, extorsionar o secuestrar a quien sea necesario con tal de obtener los beneficios deseados. Así, rapta a un capitán republicano apellidado García para ofrecerle un gran negocio: conseguir para el conde todo tipo de obras de arte ubicadas en una España desgarrada por la guerra. El capitán reclutará para tan arriesgada pero bien pagada maniobra a los peores hombres que tiene a su mando.
 
     Una de las grandes tragedias ocurridas durante la guerra que asoló nuestro país fue el hecho de que enfrentó incluso a hermanos. Un ejemplo es el de los Núñez: tres hermanos gallegos que, en la novela, lucharán en los bandos enfrentados entre sí con la esperanza de no llegar a encontrarse cara a cara en el campo de batalla. Ni de recibir una carta anunciando la muerte de alguno de ellos.
 
     Manuel Núñez es reclutado por el bando nacional. Acabará en Valladolid, donde conocerá a un asturiano (Quino) con el que llegará a tener una gran relación de amistad pese a disputar entre ellos sobre la eterna cuestión de si Asturias o Galicia son la mejor tierra del norte español. Ambos serán llamados por Ordóñez, su jefe al mando en el cuartel pucelano, para recalar en una operación especial que tendrá por objeto capturar a los hombres de García, auténticos esquilmadores del patrimonio artístico nacional.
 
     Y al mando de estas operaciones especiales está Juan Vila, un agente sevillano que deberá acabar con las fechorías de García y compañía ayudado, además, por Candela, una de las mejores ladronas de la ciudad. Vila detiene a la ladronzuela tras uno de sus robos y se sentirá culpable de ello al saber los verdaderos motivos de la carrera delictiva de la guapa sevillana: huérfana de padre y madre debía mantener a sus seis hermanos y hermanas menores, algo muy difícil de conseguir simplemente trabajando.
 
     Tras darle vueltas a la situación, Juan conseguirá de Ordóñez que la joven le acompañe en la misión atendiendo a sus grandes dotes de inteligencia y a su maestría en todo lo referente al escondite y al disfraz. Poco a poco se enamorarán perdidamente el uno del otro dando a la novela una dimensión más humana, tierna e íntima.
 
     Las tres líneas argumentales citadas (Van der Globber-Mendoza-García, Manuel Núñez-Quino y Juan-Candela) se desarrollan de manera entretenida y sus personajes se ven envueltos en multitud de situaciones de máximo riesgo: robos, asesinatos, traiciones, dilemas morales y encuentros y desencuentros entre lo correcto y lo incorrecto. Los protagonistas jugarán al gato y al ratón durante toda la acción hasta llegar a un desenlace inesperado en algunos aspectos y algo predecible (único pero que le pongo a la novela) en otros.
 
     Pablo Núñez consigue en "Ladrones de historia" transportarnos a una España siempre bella pese a la crudeza de la guerra. Quizás sea esta una de las razones de peso para leerla. Galicia, Asturias, Madrid, Sevilla, Burgos, Valladolid, Badajoz, etc: sin duda, un viaje en el tiempo a una España que, aun devastada por la crueldad, se nos presenta desbordante de belleza en cada uno de sus puntos cardinales.
 
      

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