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lunes, 3 de febrero de 2014

Luis Aragonés (1938-2014). Genio y figura...





     Recordar a Luis Aragonés únicamente por haber llevado a la selección española a vencer en la Eurocopa de 2008 es realmente injusto. El Sabio de Hortaleza ha significado para el fútbol español mucho, muchísimo más. Los triunfos no vienen de la nada. Nunca. Para conseguirlos hace falta un cambio de mentalidad, una nueva manera de ver las cosas y una nueva forma de afrontar las distintas situaciones. Luis hizo que la selección se convirtiera en un equipo, y que de la conocida Furia Española se pasara a jugar al fútbol con más cabeza que corazón.

     No obstante, Aragonés comenzó a gestar su leyenda hace muchos años. Cuando el fútbol era en blanco y negro, cuando la selección española optaba a todo para no ganar nunca nada. Y, sobre todo, cuando vestía los colores rojiblancos y lucía sus conocidos zapatones. Porque, más allá de sus éxitos con La Roja, Luis Aragonés siempre tuvo el corazón rojiblanco. 

     Llegó a la ribera del Manzanares a los 26 años de edad y lució la elástica colchonera durante diez temporadas, en las que consiguió 3 Ligas (66, 70 y 73), 2 Copas (65 y 72) y un subcampeonato de Europa (1974, tras marcar un gol de falta que pudo significar la primera Copa de Europa para su equipo). Pese a ser centrocampista, en 1970 ganó el trofeo Pichichi como máximo goleador de la Liga. El Atlético de Madrid le marcó tanto que nada más retirarse se puso a entrenar a sus ex-compañeros. Se sentó en el banquillo del Calderón durante 15 temporadas (hasta en cuatro épocas diferentes), consiguiendo 1 Liga (77), 3 Copas (76, 85 y 92), 1 Supercopa de España (85), 1 Copa Intercontinental (74) y la Liga de Segunda División (2002), con la que volvió a situar a su equipo en la Primera División.

     Además, logró la Copa del Rey del 88 con el F. C. Barcelona, el Premio Don Balón al mejor entrenador de la Liga en el 77 y la Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo en 2001. Luego, ya con la selección española, llegaron la Eurocopa del 2008, el trofeo al mejor entrenador según la IFFHS en el 2008 y el Premio Príncipe de Asturias de los Deportes en 2010 (junto al resto de los componentes de la selección española de fútbol).   

     Entrenó a otros siete equipos españoles de Primera División y hasta al Fenerbahce turco en la temporada 2008-9. Fue el último equipo al que entrenó (y el único fuera de nuestras fronteras), aunque no anunció su retirada hasta diciembre de 2013, ya enfermo de leucemia. Una enfermedad que mantuvo en silencio hasta el final. Porque, si algo tuvo siempre El Abuelo, fue el sentimiento de querer estar en un segundo plano. Sus jugadores recuerdan que siempre decía que cuando el equipo ganaba "lo hacía por sus jugadores" y que cuando perdía "era por culpa del entrenador". En las celebraciones se mantenía apartado de sus pupilos, cediéndoles todo el protagonismo. Y en las derrotas, salía a dar la cara por ellos y "a recibir las hostias se hacía falta".

     Indudablemente, Don Luis no fue ningún santo. Le gustaba disfrutar al máximo de la vida. Fumador incansable, bebedor un poco más que ocasional y jugador nato de quinielas (en más de una ocasión llegó a ser agraciado con algún que otro premio), primitivas y casinos (los trabajadores del Casino Monte Picayo de Valencia, ciudad en la que entrenó entre los años 95 y 97 pueden dar buena fe de ello), tenía un carácter muy marcado. En más de una ocasión tuvo alguna salida de tono bastante desafortunada. Pero siempre, siempre iba de cara hacia la persona que tenía enfrente.

     Sin embargo, todos sus jugadores hablan maravillas de él. Incluso hombres como Samuel Eto´o, camerunés al que empujó contra el banquillo del Mallorca tras una protesta del jugador posterior a un cambio; Raúl González, mítico jugador del Real Madrid al que "jubiló" de La Roja; o Paolo Futre, capitán atlético con el que tuvo en algunas ocasiones sus más y sus menos. Todos ellos han hablado de su míster como alguien sin el cual el fútbol - y ellos mismos - no serían como es en la actualidad. ¿Y quién no recuerda sus discusiones con presidentes de clubes (por ejemplo, con Jesús Gil, de quien fue amigo pese a defender posiciones diferentes en no pocas situaciones)?

     Ganador nato (para él, el fútbol era "ganar, ganar, ganar y volver a ganar"), pidió a los médicos que le atendieron de su corta pero demoledora enfermedad mortal que no hicieran público su estado. "Se marchó", en palabras de Pedro Guillén, su médico y colaborador en muchos de los clubes en los que militó como entrenador, "en silencio; sin hablar. Como el deportista que medita y se concentra antes de saltar al terreno de juego. En el anonimato de quien se va mirando de frente a la muerte". Genio y figura...  

     Don Luis se ha ido. Pero su leyenda, su carácter, su genio y su particular forma de ver y de vivir la vida y el fútbol permanecerán en todos los que pudimos disfrutar de él en vida. Sea desde la parcela que sea. Descanse En Paz, míster.